martes, 6 de marzo de 2012


















El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.


Obtener Adobe Flash Player






miércoles, 21 de abril de 2010

Cuentos que hablan del mundo

Si un cuento tiene una misión, es la de contarnos brevemente un mundo entero. Eso es lo magnífico del cuento, que te lleva a conocer una infinidad del mundo sin la necesidad de conocer otra cosa. No hacen falta grandes personajes o complicadas aclaraciones, un cuento lo es todo por sí mismo. Aparentemente sencillos, tienen la capacidad de encerrar toda la complejidad que podría tener un relato de miles de hojas, de cientos de vidas.

Los cuentos latinos no tienen más que voltear a su alrededor para encontrar un escenario mágico. Los bueno escritores no tienen más que aprender a mirarlo, y aún más difícil tarea, lograr escribirlo. Sin duda hay quienes lo han hecho con éxito. Un buen cuento es una útil herramienta para cambiar el mundo, o al menos, de las mejores con las que contamos para conocerlo.

El crack, escribiendo una ruptura

Lo que el crack propone es romper algo, que a ojos de sus iniciadores, ya no servía. Todo en este mundo se va desgastando, y por más funcionalidad que haya tenido alguna vez, llega un punto en el que debe reemplazarse o modificarse. En la literatura previa al crack pasó algo similar, destruyeron lo viejo para poder iniciar con lo que seguía.

El mismo manifiesto del crack lo dice, no son la cosa sencilla de la literatura, y no pretenden serlo. El crack no tiene como meta cambiar a muchos, pero si cambiarlos bien. La palabra clave es el ‘cambio’, con un sistema tranquilo y equilibrado lo que buscan es precisamente la perturbación de este. Cuando todo está en calma es cansado buscar los errores, debe propiciarse el movimiento.

Muchos jóvenes buscan la estabilidad, llegar a un punto preestablecido y ahí detenerse. El crack pretende no establecer puntos, sino estar en constante búsqueda. Por medio de la literatura hacer vibrar al mundo para que este despierte y siga su camino sin apaciguamientos.

Estrella distante


En Estrella distante, Bolaños nos cuenta las historias no oficiales que van debajo de la que todos conocen. Los hechos clandestinos contados por los que lo vivieron.

La sinopsis de la obra es la siguiente: un poeta aéreo que cambia la poesía chilena durante la dictadura de Pinochet.

Este personaje se llama Carlos Weider, y efectivamente revoluciona toda la literatura de Chile. Sin embargo, el cambio no radica en lo que escribe, pues sus versos no son realmente muy significativos (aunque la manera de escribirlos es bastante singular), sino en lo que este personaje representa. En la historia, este piloto escritor es un artista del Estado, partícipe en el asesinato de cientos de jóvenes artistas, promotor del régimen. Régimen, que no sólo cambio la literatura, cambio al país entero y toda su historia.
Al igual que muchos países en Latinoamérica, Chile sufrió todo lo que un país puede sufrir con una dictadura. Desorden político y social, violación de derechos humanos, privación de libertad, pérdida de patria, etcétera. El exilio en muchos casos marcó la vida de miles de personas; el abandono de sueños, la de otras tantas. Son estos cambios de vida bajo esas condiciones las que nos cuenta Bolaños con las historias de su novela. En este caso nos habla de Chile, pero es una historia que bien podría contar de muchos otros países de América latina.

Libertdad con "L" de literatura


The big banana guys, como alguna vez llamó nuestro querido Pierre Belanger a los hombres de la UFCo, se apoderaron de esta parte del continente hacia la década de los 70’s en el siglo pasado. De una manera muy sutil encontraron la forma para instalar sus gobiernos y manejar los países a su conveniencia. Estamos hablando por supuesto de las dictaduras de América Latina. Fueron pocas las naciones que se salvaron de éstas, la mayoría sucumbió a la ola de intervenciones gringas que azotó al continente por esas épocas.

Como es de esperarse de cualquier buena dictadura, la violación de derechos no se hizo esperar. Torturas, desaparecidos, silenciados, todo venía en un mismo paquete. La historia fue escrita por los ganadores, y entonces ¿qué es lo único que le queda al resto del mundo? La literatura. Legítimas verdades relatadas en distintas historias como protestas ante esta pérdida de libertad.

De estos periodos encontramos grandes novelas, las cuales construyen ficciones para mostrarnos la realidad de lo que realmente sucedía en el continente. Con un enfoque distinto al que lo haría un libro de historia, la literatura que habla sobre las dictaduras latinoamericanas son también un digno reflejo de lo que este pueblo (o en plural) vivió. Estos autores toman la literatura como la única forma que tenía para liberarse de un régimen que oprimía todas sus libertades, y también como una forma de dejar en la memoría lo ocurrido. Una forma de jamás olvidarlo, para no perdonar.

Ya no hay poetizas

Lo que sí hay, y muchas y muy buenas, son mujeres poetas en Latinoamérica. Hay mujeres latinas con gran reconocimiento en la literatura, a veces tenemos que buscar más afondo para encontrar la veta que nos lleva a las grandes poetas y cuentistas del continente. Los ejemplos tanto de las reconocidas, como de las realmente buenas abundan. Podemos encontrar desde una bestsellerista como Isabel Allende, hasta una mente brillante como la de Marosa Di Gorgio, que pocos tienen el placer de conocer.

Sería muy difícil hablar de todas ellas, y tampoco se pretende hacer de esto una lista. Por eso rescatemos simplemente la esencia que a todas ellas une: la buena literatura, la buena poesía. Sí algo tienen en común estas mujeres poetas, es la capacidad de expresar contenidos de tal importancia en una forma tan magistral.

Estas mujeres son capaces de expresar en un cuento o en un poema, la condición que vive un género entero, las vejaciones sociales de todo un pueblo, aquellos sentimientos que sólo una mujer es capaz de sentir. Las escritoras y poetas latinas pueden caracterizarse por esta intensidad en sus obras, claro, las que se han atrevido a escribirlo.

El Popol Vuh, el libro del pueblo


La riqueza cultural con la que el país cuenta es realmente impresionante. Mucho tienen que ver las antiguas civilizaciones que habitaron estas tierras antes que nosotros, y que indudablemente su legado aun persiste. Aun cuando habitamos una parte del país donde la mayor influencia proviene de la civilización mexica, la cultura maya también tiene su importancia.

Uno de sus legados más ‘sólidos’, es la literatura que de ellos tenemos. Son dos los grandes libros heredados, el Chilam balam y el Popol vuh. En este último se refleja de una manera impresionante la cosmovisión de un pueblo. Es impresionante porque aun cuando la historia está narrada de una forma, podría decirse, relativamente simple, la complejidad que encierra es inmensa.

Como ya mencioné, estamos un poco alejados de esta cultura en esta parte del país, pero indudablemente nuestros hermanos del sur están mucho más apegados a ésta. Mucho se debe porque en esa región del país aun encontramos un gran número de poblaciones indígenas. Lo curioso aquí es como ellos retoman, o más bien, aun viven bajo los valores de esta cultura. Por ejemplo, la idea de los dioses que se reúnen a planear al mundo, mucho la retoma en sus cuentos un personaje imprescindible de esta región, el Subcomandante Marcos.

México desafortunadamente no ha logrado integrar de manera exitosa a todos estos grupos. De hecho se han convertido en un problema, cuando más bien deberían sumarse a la riqueza del país. Retomar historias como la del Popol vuh es de alguna manera retornar a nuestros orígenes, los cuales necesitamos encontrar urgentemente hoy en día. No deberíamos ver este libro como algo exótico y pintoresco de nuestra cultura, sino como algo nuestro que habíamos olvidado pero ha llegado el tiempo de recordar, para volver a existir.

La brevísima, una historia de hace 500 años

Puede que la narración de Bartolomé de las Casas sea igual de espléndida que la de Cortés. Ambas son de una exquisita descripción de vital importancia para conocer a fondo lo que fue la conquista. La diferencia radica en que las descripciones del Fraile atañen más a una denuncia de hechos grotescos, que al descubrimiento de un nuevo mundo.


La brevísima es un documento de sadismo, nadie puede leerlo sin sentir horror ante tanta crueldad y barbarie. Afortunadamente eso paso hace mucho y el hombre de ahora es mucho más civilizado, ¿o no? Lamentablemente los hechos sucedidos en el último mes en nuestra ciudad (y en general en el país) nos indican que no. Es impresionante el parecido de las noticas que hoy recibimos con los hechos narrados en La brevísima.


Parece que estamos condenados a vivir en un país donde no hay “buenos”, sólo malos, más malos y víctimas. Quinientos años después el pueblo de México sigue esperando por héroes, alguien que nos salve de esa condición. México sigue siendo mucho de aquel impresionante escenario que algún día describió Cortés, pero necesitamos de alguien que nos guíe para ’recuperar’ esa grandeza. Ahora vivimos en un tiempo en el que debemos preguntarnos, ¿qué papel vamos a tomar nosotros?

Crónicas de indias

Las descripciones realizadas por Hernán Cortés respecto a lo que vino a encontrar a este continente, marcan tanto las últimas evidencias de un imperio, como la creación de una nueva cultura. Son estas crónicas desde donde debemos empezar a buscar nuestra identidad, pues son parte de los orígenes de ésta, nuestra cultura mestiza.

Fue un día cruel aquel en el que se perdió toda una civilización, pero más triste es aún que tantos siglos después ese pueblo siga como vagando en busca de una identidad propia. Tan duro fue el golpe que esta cultura recibió, que aun con todos los elementos que se le fueron dados a cambio y todos los siglos que ha tenido para asimilarlo, no ha podido terminar de consolidarse. No ha podido ser capaz de sentirse orgullosa de sí misma.

Debemos aceptar la mezcla que somos, pues no somos extranjeros en una tierra robada, pero tampoco somos los mismos que habitaron aquí desde siempre. Somos mexicanos, la raza de bronce. Creo haber encontrado una frase que bien lo describe, utilizando un sabio refrán deformado por Botellita de Jerez: “lo Cortés no quita lo Cuauhtémoc”.